El viernes por la noche, aprovechando la generosa oferta que me hicieron unos familiares de hacerse cargo de los niños por unas horas, salimos a cenar a la Reina Mora, un restaurante que han abierto hace poco en El Paraje, una pedanía de Alguazas, a un tiro de piedra de Molina. Fuimos cuatro: Raquel, Irene, Sergio y yo. Sergio es el administrador de la bitácora gastronómica “El cielo de la boca” de la que hay un enlace directo en esta misma página, pero, por si alguien considera que es mucho trabajo ir con el ratón hasta el enlace, lo incrusto aquí. Durante la cena, Sergio y yo nos repartimos el trabajo de hacer la crónica del evento en nuestras respectivas bitácoras: él se encargaría de la crítica gastronómica y yo del punto de vista humano. Pensamos que sería más divertido al contrario, ya que yo no tengo ni idea de gastronomía ni él de puntos de vista, pero al final lo dejamos como pensamos al principio.
El local está situado junto a la Torre del Moro, que es ni más ni menos que eso, una atalaya de forma cúbica de unos tres pisos de altura construida por los moros para la defensa de la población (magrebíes les llaman ahora los defensores de lo políticamente correcto, demostrando así su absoluta ignorancia de la historia de España y sus denominaciones). La Torre ha estado abandonada a su suerte prácticamente desde que se largó el último moro que hizo la mili allí. Ya en mis tiempos mozos era una especie de Club Social Juvenil en ruinas donde la gente iba a fumar porros y si le entraba un apretón, aliviarse. Merced a ello, las piedras andaban muy solicitadas en ciertos oscuros rincones. Es posible, incluso, que algunas de esas piedras que ahora se exhiben en vitrinas contengan restos atribuidos erróneamente a los hijos de Alá. Pero bueno, dejémonos de cochinadas y volvamos a los tiempos actuales. Ahora, la Torre está convenientemente protegida de vándalos fumadores de hierba de estómago ligero y el Restaurante Reina Mora se encuentra perfectamente integrado en el entorno. Tan bien integrado que es difícil de apreciar qué parte de la construcción es nueva y qué parte no.
La cena comenzó a eso de las diez y media de la noche, en el interior del local. Nos acomodaron en dos mesas circulares juntas. Como no nos gustó la disposición, y las vistas de fuera eran mucho mejores, salimos a una terracita donde estábamos solos en, esta vez sí, una gran mesa, con una temperatura muy agradable y donde tres de los cuatro comensales podrían fumar. Que me da a mí que era el motivo principal de sus quejas a la disposición anterior: dentro del restaurante no se puede fumar. Malditos viciosos.La cena estuvo bien, fue un menú degustación de esos de muchos platos y poca cantidad. Por error nos trajeron el postre antes que el pescado. Error que el camarero intentó subsanar invitándonos a un vino blanco. En cuanto a la comida en sí, no sé lo que pensará mi compañero de El Cielo de la Boca, pero no me pareció gran cosa, salvo las salsas que acompañaban al plato principal, que estaban de toma pan y moja. Literalmente.
Luego, para acabar la noche, bajamos a la Bodega, un apartado del restaurante donde puedes tomar una copa con la música a un volumen que te permite charlar. Noté un fallo en la insonorización que hacía que pudieras oír perfectamente la conversación de la mesa de al lado, mientas que tenías que hacer un esfuerzo para enterarte de lo que decían en la tuya.
En general, lo vi recomendable. No intentan impresionar con una carta llena de sugerencias. Es más, creo que la carta es escasa, con una página para el menú de degustación, otra para los entrantes, platos principales y postres, y la última para los vinos. Ideal para quien quiera repetir una y otra vez el mismo plato que les gustó la primera vez, pero corto para quienes, como yo, esperan conocer cosas nuevas cada vez que salen a cenar. Y hasta aquí la crónica social, o la del punto de vista humano.
Postdata: Si vais al baño, ya no hacen falta piedras.
Postdata dos: Ya hay fotos. Perdón por la pésima calidad, pero es lo que tienen las fotos de los móviles, son tan malas como los fotógrafos, ejem, ejem...

4 comentarios:
Llevas razón, sólo veo un punto de vista interesante.
Muy bien explicado el punto de vista social, aunque te falta unos brochazos políticos para contextualizar el restaurante, y algunos datos del sarao de socialistas que nos encontramos allí.
He pasado deliberadamente por alto lo del sarao, ésta es una bitácora seria. Y, además, estamos hablando de comida, un poquito de tacto que puede haber alguien con el estómago sensible.
Veo que ya has aprendido a firmar al principio del comentario.
Sí, es que cuando yo me pongo...
Pues sí, sí que salimos guapos en las fotos, sí. La verdad que el móvil ese que llevas las saca bastante bien.
Publicar un comentario en la entrada